sábado, 5 de diciembre de 2009

Sengue Dzong o "La Fortaleza del León"

Artículo publicado en Panorama de Diciembre:
 



Cuenta Ana Carla que, en el año 2000, un practicante budista invitó al maestro Rinpoche a pasar unos días al campo en el departamento de Minas, Uruguay. Una noche Rinpoche tuvo una visión en la cual sintió que todos los seres de ese lugar lo habían esperado durante largo tiempo. Como Rinpoche poseía el don de la clarividencia, se tomó la decisión de comprar seiscientas hectáreas de tierra y construir el único centro de retiros del budismo tibetano Vajrayana en Hispanoamérica: Sengue Dzong, que significa “La Fortaleza del León”.
Ana Carla, nuestra anfitriona, es ingeniera en computación, hace cuatro años que abrazó el budismo Vajrayana y es la coordinadora de las actividades del centro. Vestida con ropa propia del culto a la que ha agregado un buen par de botas, un abrigo y una bufanda, habla mientras nos conduce en la camioneta cuatro por cuatro por los intransitables caminos que suben el cerro en cuya cima se encuentra el templo.

Estamos a mediados de otoño y es un sábado particularmente frío para la estación. Este fin de semana se realiza un retiro de iniciación al budismo al que asisten unas quince personas. Gustavo —el fotógrafo— y yo hemos recorrido los cien kilómetros desde Montevideo, con la cita concertada, y hemos llamado al celular de Ana Carla al llegar al portón de madera que nos impide la entrada al predio. La cerca alambrada parece rodear un cerro de unos cuatrocientos metros de altura y sus estribaciones y, como los budistas consideran sagrados a todos los seres vivos, la propiedad se ha constituido en una reserva natural donde se reproducen especies autóctonas como zorros y jabalíes.
Al comienzo del proyecto de construcción, cuando esto era un cerro inhóspito y densamente cubierto por una vegetación baja y espinosa, los budistas se enfrentaron al difícil problema de trazar caminos. Nuestra guía recuerda que trajeron una tropilla de un centenar de caballos que, al galopar hacia la cumbre, señalaron el recorrido de los caminos.
Después de una parada en una de las casas de retiro —que también sirve de vivienda para los lamas o instructores que vienen del exterior—, llegamos al edificio que alberga el templo. Me pregunto cómo es posible que esta construcción esté enclavada en las sierras de Minas. El edificio impresiona: uno siente por un instante que se ha transportado a una nevada montaña del Tíbet.
Es cerca del mediodía y en el templo se está realizando la enseñanza de iniciación. Mientras esperamos que el instructor del centro, Pema Gonpa, nos reciba, Ana Carla nos muestra el comedor, austero y cómodo, y la cocina donde los voluntarios preparan el almuerzo. Habrá opciones para vegetarianos y también carnes para quienes no lo son. Luego nos guía a la zona de los dormitorios y los baños. El interior de esta parte del edificio no se ve muy diferente de un buen albergue, excepto por los muebles para dejar los zapatos que hay a la entrada de los dormitorios.
Hay calefacción central y la temperatura es agradable. El edificio tiene capacidad para alojar a treinta personas, sin contar las casas de retiro. Además de los retiros de iniciación, se realizan jornadas de visita: Sengue Dzong se abre a cualquiera que quiera conocerlo, con la posibilidad de recibir una instrucción básica y realizar alguna práctica.
Salimos a una amplia terraza de piedra, con una vista espectacular. En la pared exterior del edificio vemos unos nichos que están destinados a ruedas de oración. Ana Carla nos explica que son cilindros metálicos, a modo de prensas, cubiertos con bobinas de papel con mantras impresos. La idea es que las ruedas giren y esparzan eternamente las bendiciones de los mantras sobre todo el lugar.
Es la hora del almuerzo y los participantes del retiro salen del templo. También sale Pema Gonpa, el instructor, y decidimos hablar en el templo. Para entrar debemos descalzarnos. El maestro se sienta en la postura del loto, dejo el grabador cerca de él y me instalo en el lugar de los discípulos. Ana Carla advierte que Pema no responde preguntas personales.
Pema empieza diciendo que el budismo no es una religión, principalmente porque no tiene la figura de un dios creador. El propio Sidartha Gautama, conocido como Buda, lo definió como un camino. Es un camino, dice, para llegar a la iluminación, entendida como la sabiduría intrínseca que todos tenemos y que podemos asociar con la felicidad a la que aspiramos. Aclara que no se refiere sólo a los seres humanos sino a todos aquellos —visibles o invisibles— que tienen mente, incluidos los animales. Le pregunto si los seres invisibles pueden ser los espíritus de los muertos y dice que la muerte no existe como tal sino como un estado más de la vida, que es un continuo devenir, con o sin cuerpo.
Pema cuenta que a raíz de la invasión china al Tíbet, en los años 50, los lamas tibetanos se refugiaron en países como Nepal, India o Japón y de ahí pasaron a Occidente. Según él, el budismo prendió en Occidente por su flexibilidad como camino individual, compatible con la pertenencia a otras religiones. Buda es un estado al cual se llega mediante la práctica y significa “despierto”, aclara. El objeto de la práctica es remover los obstáculos externos e internos, como el orgullo, el deseo, el apego, la aversión, la ignorancia. Estos obstáculos o “venenos de la mente” son la causa de las enfermedades y el sufrimiento, y su remoción permite que aflore la sabiduría intrínseca que está en nosotros desde el principio de los tiempos. Las prácticas básicas son la recitación de mantras, la contemplación y la meditación. La meditación consiste en estar completamente consciente en el aquí y ahora de la propia mente, sin involucrarse en los sucesos externos o en los pensamientos que pasan.
Ya es hora de que Pema vaya a almorzar —después tiene que continuar la instrucción— y descendemos con Ana Carla, otra vez en la camioneta cuatro por cuatro, hasta la entrada del predio donde dejamos el coche. Gustavo y yo hablamos, mientras enfilamos hacia Montevideo, de las ventajas de que exista en Uruguay un templo tan original adonde pueden acudir budistas, curiosos o simpatizantes de todo el mundo.